Capítulo 36. El Sábado de Viola
El sábado era, sin duda, el mejor día de la semana.
Viola lo había convertido en una regla sagrada. Nadie, absolutamente nadie, podía molestarla los sábados por la noche. Ni Paul, ni los abogados, ni los socios, ni los amantes ocasionales que no estuvieran previamente autorizados. Era su día. El único en el que podía apagar el mundo y quedarse solo con el cuerpo.
Estaba en la suite presidencial del Mandarin Oriental New York, en el piso más alto, con las cortinas abiertas hacia el skyline que b