Capítulo 34. Nueve años después...
Nueva York
El pequeño cuarto del ala oeste de la mansión olía a sexo y a perfume, mezclado con sudor. Las cortinas estaban a medio correr y la luz de la tarde se filtraba en franjas doradas sobre las sábanas revueltas. Viola tenía casi veintiocho años. El hombre debajo de ella, unos veinticinco, era más joven, de cuerpo atlético, mandíbula marcada y ojos oscuros que no dejaban de mirarla como si no pudiera creerse lo que estaba pasando.
Él tenía la boca ocupada en uno de sus pechos. La lengua