Francis estaba suspirando molesto mientras Sophie pegaba pequeños saltitos a su lado. Esa chica iba a ser su perdición... o quizá era su maldición... pensó por dentro mientras las puntadas de dolor en su cabeza se acentuaban junto con ese pensamiento. La tomó de la mano muy fuerte y siseó entre dientes. — Puedes dejar de saltar con un demonio— gruñó el hombre de mediana edad molesto y se percató de que algunas personas a su alrededor lo observaron... quizá no había hablado tan bajo como creía.