Esa noche, o día, el no sabía ya que no tenía ni una puta ventana para poder saberlo, ella lo había drogado como los días anteriores. Pero había algo diferente esa vez, él pudo darse cuenta rápidamente. Ella estuvo un rato largo mamandosela, y cada vez que iba a venirse -como si supiera- se detenía. Era como tortura sexual. —Por favor Adriana, basta— le suplicó en un momento —No lo soporto más...no sé que quieres...pero por favor detente...— le dijo gimiendo adolorido. Ella lo miró y sonrió de