—Su voz me resulta familiar.—Peco de malos modales, al no presentarse primero, la penetrante voz, la indujo a un ligero retroceso en el tiempo, pero aún sin coordenadas fijas.
—Lo dudo jovencita, mí nombre es Bruna, un placer conocerte.—Le extendió la mano, le asustó ver sus uñas tan largas, disimulo su perturbación y recibió el saludo.
—Angélica, disculpe por no haberla saludado antes, me correspondía como su invitada.
El contacto no fue desagradable, sintió uno tibio regocijo. La mujer seguía