Estaban en el interior de la camioneta, agarradas de las manos, en ese instante Bruna era su fuerza, su hada la tenía drenada, cada media hora gemía, como si aún doliera la traición. De ser realidad sus visiones, el no las merecía.
Cerro los ojos para aliviar ese pensar, al abrirlos nuevamente alcanzo a ver las luces, estaban cerca del diminuto pueblo donde vivía esté, así lo consideraba, tampoco era tan extenso para tener otra categoría.
A un lado de la carretera se veían los frondosos árboles