—¡El rey a muerto!.—Una voz a lo lejos proclamó.
El solo miraba el rostro aterrado de Angélica, cuando el cuerpo que se interpuso en su visión, se desplomó al ser impactado por una flecha.
Se sacudió la tierra, el humo rojo se difuminaba en aire como neblina colorete.
El rey había muerto, su padre Leus yacía sobre el polvo que sería pronto su morada eterna, esa flecha era para el, su padre solo fue víctima de su deseo impulsivo de querer acabar con su bruja. Cerro los ojos, para concentrarse,