El ave se detuvo en su vuelo, mirándola con intensidad, sus afilados ojos violetas.
¡Gael no entendía la terquedad de esa hembra!, ¿por qué no hacer las cosas rápido y efectivamente?
¿Por qué tomarse tantas molestías con lobos que la despreciaban?
Esas preguntas cruzaban por la mente de ese dragón, que tomaba la forma de un ave con su poder mágico.
«¿Puedes hacerlo sola?, no me gustaría que mi futura esposa muera sin cumplir el contrato, por un capricho.», le habló ese ser centenario.