En Houston, Pablo vivía otra realidad, quizás menos turbulenta, pero no menos dolorosa. No era ni orgulloso ni obstinado. Por naturaleza, era tranquilo. Y aunque los primeros meses habían sido devastadores, la actitud de Elizabeth le había dado una pizca de esperanza.
Aun así, cuando le prometió a Lizzy que no la molestaría, hablaba en serio. Si ella decidía quedarse con su esposo, él lo respetaría. Eso no significaba que lo aceptara... ni mucho menos que dejara de amarla.
Si hubiese podido olvi