Laura aprovechó para decir:
—Así es. Realmente es una mala persona.
—Me obliga a trabajar hasta tarde, me quita mi almuerzo, hasta pone serpientes en mi cajón.
—Así que, de ahora en adelante, ¿podrías evitar contacto con él?
Andrés podía soportar las injusticias, pero al ver a mamá enojada, su carita se desanimó.
—Y a mí me caía bien…
Laura, conteniendo la inquietud en su corazón, le advirtió de nuevo:
—Andrés, prométeme que te mantendrás lejos de él, así no te hará daño.
—Recuerda lo qu