Capitulo treinta

—Lo siento, señora, pero es nuestro deber decirle al señor lo que pase con usted — Suspiro resignada porque este hombre no tiene la culpa de nada de lo que está pasando y es su trabajo cuidarme

—No te preocupes, yo hablaré con él — Me abrí paso por el camino de la entrada a casa.

Al entrar me consigo a Gabriel alterado caminando de un lado a otro, su cabello despeinado ha perdido un vaso en la mesa, el saco y la corbata se encuentran tirados en el piso de forma desordenada. Lo observó ir hacia
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