Desperté, un día más en la hermosa ciudad de Paris, Francia, lo mejor hubiera sido despertar por el olor a pan recién hecho o algunas campanas de alguna bella iglesia, pero no, en vez de eso soy despertada gracias los gritos de Max, estoy sobresaltada, abro los ojos en un segundo y los busco por la habitación con la mirada, puedo verlo en el balcón, luce apurado con el teléfono en su oreja, hecha unos gritos más al aire y solo entra para guardar cosas en su maleta, veo el reloj de mi teléfono,