El lunes llegó sin la resistencia habitual.
Mara lo notó mientras abría los ojos, antes incluso de moverse, en ese espacio breve donde el cuerpo todavía no ha decidido del todo si quiere levantarse. Durante semanas, los lunes habían sido una extensión de algo que no terminaba de resolverse: el eco de la noche en que todo se rompió, la sensación de tener que recomponer una versión de sí misma antes de salir al mundo.
Ese lunes fue distinto.
No mejor.
Pero distinto.
Se levantó sin negociar demasi