25. Dulce trato
Las horas pasaba lentas, era como si el tiempo hubiera confabulado en mi contra. Tenía todos los teléfonos de mi despacho junto a mí, las líneas totalmente desocupadas para no perderme ninguna noticia. Pero no llegaba nada.
La llamada de auxilio había cesado, por lo que me daba una señal de que la ayuda estaba allí.
Todo se mantenía en silencio, pero podía imaginar la horda de periodistas que se me tirarían encima. Como buitres detrás de un pedazo de carne. Era inevitable que se supiera, aunqu