Marzo llegó un domingo.
Sin alboroto. Con la particular tranquilidad de un mes que comprendía que era de transición y no pretendía ser más que eso. Ya no era invierno del todo, ni tampoco primavera, simplemente el punto medio de un cambio que ya estaba en marcha y que no podía apresurarse, por mucho que se deseara.
Mara notó el primero de marzo como notaba casi todo ahora. De forma específica y sin prisa. Estaba de pie junto a la ventana este con su café cuando empezó el día y pensó en marzo, y