Jayda no pudo evitar la sonrisa que se apoderó de su rostro cuando se miró en el espejo. El vestido rojo que Sebastián le compró le quedaba a la perfección, y con el poco maquillaje que se aplicó, se veía muy hermosa, como Cenicienta, esperando a que llegara su Príncipe Azul para proceder al evento.
Jayda no tenía ninguna duda de que ella parecía una bolsa de dinero. Llevaba un vestido caro, joyas y zapatos.
Pero estaba un poco nerviosa. Nunca había asistido a ningún evento de caridad que es