Sebastián se sentía muy inútil al lado de Jayda, sin hacer nada más que cogerle la mano y animarla a empujar, susurrándole palabras tranquilizadoras y alentadoras al oído.
Deseaba poder hacer más, deseaba poder acompañarla en el parto o quitarle de alguna manera todo el dolor que sentía. Ella estaba llorando y sufriendo mucho, y eso le rompía el corazón.
A Seb también se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se esforzó por contenerlas. Jayda se apoyaba en él y tenía que ser fuerte por ella.