¡Dios! La puta venganza de los huevos había estado a punto de írseme de las manos.
Pensé en nosotros de regreso a casa, porque era obvio, que después de lo que había estado a punto de pasar entre nosotros, no iba a quedarme a dormir en su cama.
¿Qué sucedería cuando se acabasen las diez citas? ¿De verdad íbamos a seguir viéndonos después de eso?