Aria
Tres días. Tres largos días sin Zachary. Cada día sin él se sentía como un infierno... tres días que parecieron una eternidad.
Caminaba de un lado a otro, anhelando su contacto.
—Deja de evitarme —le advertí con firmeza. Entonces, levantó la palma de la mano, cálida, y me acarició la mejilla con delicadeza. Él asintió levemente, con la mirada fija en la mía, como si temiera que desapareciera si parpadeaba.
—No te estoy evitando, Aria. Es complicado —había respondido en voz baja.
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