Aria
30 minutos... 30 minutos enteros. Ese fue el tiempo que estuve sentada allí, tamborileando con los dedos sobre la mesa a cada rato. Miraba de reojo la puerta, luego el móvil. En un momento dado, aparté un poco la silla, dispuesta a levantarme y dejarlo todo atrás.
Comencé a cuestionarme, preguntas importantes. ¿Por qué estoy aquí? Pero justo cuando empezaba a levantarme, la puerta se abrió de golpe.
Mikasa entró con gracia, sus pasos resonaron y todas las miradas se posaron en ella al