De nuevo, me encontraba sola en este cuarto inmenso y silencioso, rodeada de cosas que parecían vacías y sin vida. El eco de las voces resonaba en las paredes, recordando la soledad que me envolvía. Me sentía culpable por lo que había hecho, por las palabras que había pronunciado sin pensar, por el dolor que había causado. Empecé a reflexionar sobre cada palabra, cada gesto, cada mirada que había intercambiado con él.
Me di cuenta de que había sido demasiado grosera, demasiado tajante, y tal ve