Emir
Mi mirada se desvanecía en el vacío, absorbida por mis pensamientos. Ella era el centro de mi atención, su mirada dulce y sus labios delicados me habían hechizado.
Cada paso que daba me acercaba más a su habitación. Llamé a su puerta con suavidad, pero no obtuve respuesta. Abrí la puerta con cuidado y la vi dormida, serena y tranquila.
Las palabras de nuestro encuentro anterior resonaban en mi mente. No podía culparla por su reacción, era comprensible.
Me quedé allí, observándola, perd