Había pasado un día desde el incidente con las flores, y aunque Arzhel había estado más atento que nunca, la intriga seguía pesando sobre ambos. Me encontraba en la sala, revisando algunos papeles relacionados con los preparativos de la boda, mientras Arzhel trabajaba en su computadora, sentado frente a mí.
El sonido de mi teléfono rompió el silencio. Mi corazón dio un vuelco al ver en la pantalla un número desconocido y tomé una gran bocanada de aire antes de contestar.
—¿Hola?
—¿Te gustaron l