El resto del día transcurría con aparente normalidad en la oficina. Mi rutina me mantenía ocupada mientras trabajaba en los informes más recientes y organizaba detalles pendientes. Sin embargo, cuando regresé de una reunión breve con mi padre, algo llamó mi atención de inmediato.
En mi escritorio, perfectamente arreglado en un jarrón de cristal, había un ramo de flores. Eran peonias de un amarillo intenso, tan vibrantes que parecían casi irreales bajo la luz blanca de la oficina. El aroma dulce