A la mañana siguiente, la oficina estaba en completo silencio, el único sonido que se escuchaba era el del tecleo rápido de mis dedos mientras revisaba los datos de las transacciones.
Mis ojos escaneaban cada línea, buscando patrones, irregularidades, cualquier indicio que confirmara las sospechas de Arzhel y las mías. Teresa estaba jugando un juego peligroso, pero no sabía que sus movimientos estaban bajo el escrutinio más minucioso.
La trampa que Arzhel había sugerido estaba en marcha, pero t