Mi gran cabezota intentaba unir todas las piezas que tenía a mi disposición; sin embargo, no tenía nada coherente. Mi mente se ponía en blanco si pensaba en estos días que pasamos juntos, entonces fue cuando mi cerebro se iluminó un poco.
—Hablas como si… como si todo esto hubiera empezado mucho antes de lo que creo. —Mi voz salió con un poco de temblor, como si estuviera luchando contra sí misma para no quebrarse. La confusión me ganaba, pero, al menos, logré decirle algo.
—Porque así fue. —Su