Con una señal de mi mano, di la orden para que se hiciera justo cómo todo esto comenzó. Los tres mosqueteros, es decir, Arzhel Ciprian y Cristopher, trajeron numerosas bandejas de incienso, preparadas para los funerales, justo como Rune lo hizo la última vez. El resto de los hombres se dedicaron a cubrir cada rincón de ese líquido precioso.
El aire estaba denso, pesado, saturado con el olor a gasolina que se filtraba en cada grieta de la madera vieja. La cabaña, la misma en la que una vez fui t