Cuando abrí los ojos esa mañana, lo primero que sentí fue el peso del brazo de Rune aún sobre mi cintura. No había cambiado de posición en toda la noche. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo, pero traté de mantener la calma. Recordé dónde estaba, lo que debía hacer y, sobre todo, que no podía dejar que los recuerdos de anoche me afectaran.
Me giré con cuidado, sin despertarlo, encontrándome con su rostro relajado. Estaba tan tranquilo, casi inocente, como si estuviera soñando con un futuro en