La sonrisa de Sander se esfumó en un santiamén. Sus ojos se agrandaron por un segundo y así fue como Vania supo que ya no habría vuelta atrás.
El griego empujó a Pía hacia delante para sacar el arma de su costado, ocasionando que chocara contra un anaquel giratorio repleto de dulces.
Vania arrastró a la niña, que gritó, debido al dolor por el agarre, pero no podía ser más delicada. Tenían que salir de allí cuanto antes.
Creyó escuchar una protesta de Pía, aunque no pudo verla, porque un dispa