Mauro caminaba en círculos dentro de aquel lavadero, más grande que su propia habitación. Era ridículo que todo allí fuera lujoso. ¿Quién quería semejante ambiente solo para lavar la ropa? Pensó aunque en realidad su preocupación pasaba por otro lado.
No había llegado a ver a la madre de Rocío, pero sí la había oído. Rocío. Ahora sabía su nombre, uno que le sonaba hermoso, pero que debía olvidar.
Tenía que irse de allí, lo tenía que hacer cuanto antes. Podía parecer una buena chica, pero él t