MICHAEL
Regreso a la casa con las emociones inestables y completamente enfadado.
Todo se siente mal.
No me siento. No me sirvo una bebida. No respiro correctamente. Camino de un lado a otro y llamo a Collins.
—Ahora —digo al teléfono—. Ven ahora.
Para cuando dejo el teléfono en la mesa, Levi y Ron ya están entrando como si hubieran sentido el cambio en mi estado mental. La expresión de Levi es afilada y evaluadora. Ron parece cabreado antes de que yo abra la boca.
—Pareces un desastre —dice Ron