MICHAEL
El sonido de mi jet privado es constante, casi relajante.
Me recuesto en el asiento de cuero, frente a Collins, mientras reflexiono sobre las palabras de Aliana y sonrío de par en par.
Su voz de anoche se repite una y otra vez en mi cabeza:
«Estoy lista para casarme contigo».
Mi boca dibuja una sonrisa a mi pesar.
Me paso una mano por la cara y respiro despacio.
Finalmente está lista, pero no volveré a verla sino hasta dentro de dos días.
Voy de camino a cerrar cabos sueltos. Regresar a