ALIANA
El timbre suena continuamente y todas nos congelamos. Una empleada va hacia la puerta y la abre.
Evera es la que está más cerca de la puerta. Frunce el ceño, se aclara la garganta y se ve muy inquieta antes de ponerse de pie.
—Iré a ver qué pasa —dice.
Yo no me muevo. Tengo un presentimiento muy inquietante y malo de que algo esté a punto de salir muy mal.
Un repartidor de correo está de pie junto a la puerta.
—¿Evera Jacobs? —pregunta.
—Sí —responde ella lentamente.
—Por favor, firme aq