MICHAEL
La mañana llega en silencio. No dormimos hasta bien entrada la mañana porque no pude contenerme con Aliana.
Despierto en la cama con Aliana acurrucada ligeramente hacia mí, con la cabeza apoyada en mi hombro como si ese fuera su lugar. Su respiración es baja y tranquila.
No me muevo porque en el momento en que lo haga, en el momento en que ella despierte, la realidad volverá a toda prisa.
Unos pasos suaves recorren el pasillo.
Ya sé quién es.
—¿Mamá?
La voz de King es un susurro.
Aliana