En el momento en que esa persona se marchó, Leo y sus padres quedaron congelados. La noticia de que el taller había sido clausurado los impactó tanto, que apenas podían pensar con claridad.
—Que… ¿Qué haremos? —preguntó Helena afligida.
En ese momento, Jacob estaba tan consternado, que apenas pudo balbucear.
—Yo… creo que debemos acomodar las cosas e ir al Ayuntamiento.
Leo no aguantó más y estalló furioso.
—¡No puede ser! ¡Esto es absurdo! No pueden clausurarte por una denuncia poco verídi