Separa la espalda de la pared y se encorva cerca de mi. No se ha echado colonia, lo he notado desde el primer momento pero aun así huele a una esencia personal bastante nostálgica.
—¿Qué yo te gustaba? —balbucea.
Me río, de nuevo, de la situación y de su cara patidifusa.
—Estaba súper enamorada de ti —no sabía que decir estas cosas podía ser tan liberal, ahora quiero decirle todo—. No me gustaba tanto el baloncesto como para ir porque sí.
Se le juntan las cejas y me escudriña el rostro. Yo me c