Merit
—No hagas ni un solo ruido o te vaciaré el cargador en el costado.
La voz sonaba justo en mi oído. El metal duro de la pistola se clavaba profundamente en mis costillas. Me quedé congelada al instante. El mercado a nuestro alrededor seguía rugiendo con su bullicio habitual. Los vendedores gritaban los precios de las frutas. Los compradores discutían por el costo del pescado. Botas pesadas y sandalias golpeaban el suelo polvoriento. Nadie notó al hombre que se había acercado demasiado a mí.