—¡Bienvenidos a mi casa!
Renzo tenía que admitir que el hombre tenía un buen sentido del humor, lo hacía sentir como en su casa. Todavía no lograba descifrar que era lo que no terminaba de gustarle con respecto a él, siempre había algo extraño que no terminaba de agradarle.
Al contrario de Nicki, su hija siempre fue otra cosa. Ellos se conocieron cuando sus padres comenzaron a hacer negocios, al igual que Lena, aunque la mujer nunca le dio mucha importancia a todo lo que tenía que ver con ese m