Kael se vio en un claro rodeado de árboles, más joven, con una expresión menos endurecida por el tiempo. Frente a él estaba Eryna, una mestiza de cabello oscuro y mirada decidida. Era alguien a quien había amado profundamente, pero cuyas palabras ahora resonaban con acusaciones que perforaban su alma.
—Nos traicionaste, Kael, —dijo ella, su voz llena de dolor. —Nos vendiste por tus ambiciones.
Kael apretó los puños, incapaz de mirarla directamente.
—No tuve elección.
Eryna dio un paso hacia él