Las ruinas del templo de Atenas eran un eco de tiempos gloriosos y olvidados. Las columnas rotas parecían inclinarse hacia el grupo, observándolos con un juicio silencioso. El mármol desgastado por los siglos reflejaba un tenue brillo bajo la luz del atardecer, mientras los susurros del viento traían consigo un escalofrío que calaba hasta los huesos.
Atenea lideraba al grupo, cada paso suyo firme y deliberado, como si el suelo mismo respondiera a su autoridad. Artemisa caminaba a su lado, con e