El aire dentro del templo estaba cargado de energía, tan densa que parecía dificultar la respiración. Las inscripciones en las paredes brillaban con un resplandor etéreo, proyectando destellos que bailaban como si respondieran al ritmo de los latidos del corazón de Ethan. Afrodita, a su lado, podía sentir la tensión en sus hombros, la batalla interna que libraba sin siquiera decir una palabra.
—¿Lo sientes? —preguntó ella en un susurro, su mirada fija en las líneas de luz que parecían converger