Por Charlotte
Sentí que morí mil veces en un segundo y si no fuera por el agarre de mi amiga, hubiera caído al suelo.
No sabía si mis rodillas estaban cediendo o si seguía teniendo piernas.
No las sentía.
-¡No puede ser!
La voz de Alondra prácticamente retumbó en todo el lugar.
Un segundo antes, como si Oliver sintiera mi presencia, había levantado la vista y nuestras miradas se habían encontrado.
Estaba paralizada.
No podía creer lo que veía.
¡Oliver era el padre de mi sobrina!
¡Era mi cuñad