Por Charlotte
Él siguió besándome sin dejar enfriar el momento.
Sus caricias seguían siendo ardientes y yo sentía que ni siquiera ese orgasmo que me incineró totalmente, fue suficiente, las manos de este hombre estaban haciendo estragos en mí.
Estábamos hablando un idioma que yo no conocía, al menos no de esa manera, creo que hasta ese momento yo hablé dialectos del amor o del sexo, que no tenían nada que ver con lo que estaba sintiendo en ese momento.
Me olvidé de dónde estábamos.
No existía n