Desde nuestra última despedida, el mundo que compartíamos había cambiado de manera irrevocable. Recuerdo bien aquel día: Ella me despidió con flores, su gesto cargado de una amabilidad que, en ese entonces, agradecí con sinceridad. Siempre había sido una mujer de presencia arrolladora, de esas personas cuya energía llena una habitación sin esfuerzo. Extrovertida, luminosa, indomable. Tal vez por eso Jacobo la amaba. Y yo, en aquel entonces, me sentía en paz con ello.
Pero ahora el destino nos v