—Aurora— se detuvo frente a mí, su voz apenas un susurro apagado, como si cargara el peso de un secreto que estaba a punto de desbordarse. Sus ojos evitaban los míos, y en ese instante supe que algo en él había cambiado.
—Hola, Jacobo… —susurré, sintiendo cómo las palabras se atoraban en mi garganta
Los momentos difíciles nos habían rodeado como sombras persistentes, y este no era la excepción. Pero ella, con ese tono de arrepentimiento.
—Acompáñame, cenemos algo mientras arreglamos estos malos