Mis pasos resonaban con prisa en el solitario pasillo de la recepción mientras me dirigía al elevador. El eco de mis tacones contra el mármol parecía marcar el ritmo frenético de mi respiración. Toqué el botón con impaciencia, esperando que las puertas se abrieran de inmediato.
Pero el elevador no llegaba.
Observé el panel digital con frustración, viendo cómo los números parecían burlarse de mi urgencia. Pasaban los segundos, y la cabina seguía detenida en algún punto del edificio, como si el d