El alba apenas despuntaba cuando mis ojos se abrieron lentamente, despojándome del mundo de los sueños para enfrentar la realidad de la noche anterior. Un cansancio denso se aferraba a mis músculos, y un dolor sordo recorría cada rincón de mi cuerpo, vestigios de la intensidad con la que Jacobo y yo nos habíamos entregado el uno al otro. Mi cabeza latía con una punzada insistente, un recordatorio de las copas de más que había tomado.
Deslicé las sábanas con delicadeza, descubriendo en mi piel l