Aún recuerdo el momento en que conocí a Gabriel. Todo era tan simple entonces. No había mentiras, no había promesas rotas ni silencios dolorosos. Solo éramos dos desconocidos compartiendo un vuelo largo, hablando de la vida, del destino, de esas pequeñas cosas que parecen insignificantes pero que, con el tiempo, se convierten en recuerdos imborrables.
Era sincero.
Era un hombre sencillo que solo quería conversar, que me hablaba con una calidez que en ese instante me pareció genuina. No tenía seg