Lo vi sentado en su mesa, junto a Rebeca, compartiendo sonrisas y miradas llenas de complicidad. Y, sin poder evitarlo, mi mente viajó al pasado, a aquel primer encuentro en las oficinas de Mallorca, cuando todo comenzó.
Pero esta vez era diferente.
Esta vez nuestras miradas no se cruzarían, esta vez no habría un instante robado entre el bullicio de la fiesta. La vida nos había cambiado, nos había llevado por caminos distintos, y aunque el recuerdo de lo que fuimos seguía latiendo en algún rinc