Me sumergí en mi trabajo, tratando de ahogar las emociones que me consumían por dentro. Pero por más que intentara concentrarme, mi mente volvía, una y otra vez, a Jacobo.
No podía dejar de pensar en él.
En lo que había hecho.
En lo que podría hacerme si volvía a casa.
Un escalofrío recorrió mi espalda y un miedo frío se instaló en mi pecho. ¿En qué se había convertido? ¿Era posible que la persona que una vez me deseó con dulzura ahora fuera capaz de herirme? Mis manos comenzaron a temblar sin